Compañías que ayudan a mejorar la calidad de vida

Proyecto Zoolidarios. Los animales pueden ayudar a las personas en muchos aspectos de su vida: elevan la autoestima, aportan en el combate contra las fobias y el estrés, nos enseñan a adquirir responsabilidades y a socializar con otros.

A través del contacto con ellos y de un abanico de actividades educativas y recreativas, el proyecto Zoolidarios busca que niños, jóvenes y adultos con necesidades especiales, desarrollen sus capacidades. textos de Agustina Mai.

"Los animales son una fuente inagotable de amor". Con estas palabras comienza a explicar Stella Maris Galván en qué consiste el programa "Zoolidarios: una manera especial de aprender y disfrutar con los animales".

"Zoolidarios es una propuesta basada en actividades educativas y recreativas, y terapias con animales, frente a niños, jóvenes y adultos con necesidades educativas y afectivas especiales. No trabajamos sólo con discapacitados, sino con personas en situación de riesgo social, ancianos, niños, presos... Por eso hablamos de necesidades especiales y no de capacidades diferentes", explica Stella Maris, directora de este programa.

Zoolidarios nace en el año 2002 como una actividad de extensión de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Al principio involucró muy pocas instituciones de las ciudades de Santa Fe y Esperanza. Pero a medida en que se fueron haciendo palpables sus alcances, fue creciendo la cantidad de voluntarios y fueron extendiendo sus actividades a diferentes instituciones.

"Zoolidarios pasó de ser una propuesta de extensión de la UNL a una curricular: creamos una asignatura electiva que se llama "Actividades y terapias asistidas por animales', que se cursa en Esperanza y la puede cursar cualquier alumno de la universidad", explica Galván.

Los voluntarios trabajan en escuelas de educación especial, el Instituto de Estimulación Temprana, la Escuela del Jardín de la Esperanza, la Escuela de Irregulares Sociales -en la cárcel de Las Flores-, centros terapéuticos y de día, SPRAI, el Kennel Club y la Granja Esmeralda, entre otras instituciones.

Trabajo en equipo

 

Un total de 140 voluntarios están comprometidos con este proyecto. La mayoría está vinculado a la carrera de Veterinaria, pero también se han sumando alumnos de Psicología, Psicomotricidad, Sociología, Abogacía, Terapia Ocupacional y Saneamiento Ambiental. Esta interdisciplinariedad es lo que más enriquece al grupo. "Lo más valioso es el trabajo interdisciplinario: hay profesionales de Veterinaria, Medicina, Kinesiología, Psicología, Neurología -para problemas específicos- y los estudiantes son de muchas disciplinas. Los veterinarios sabemos mucho de animales, pero sólo podemos saber cómo intervenir en determinadas situaciones si nos enseñan desde otros campos disciplinares", subraya Galván.

¿Cuáles son los requisitos para ser voluntario de Zoolidarios? "La condición para participar es querer a los animales, interpretar lo que tienen para decir y tener vocación de servicio", responde.

Actividades recreativas

 

Zoolidarios no se restringe a un grupo de destinatarios, sino que incluye a todo tipo de personas: desde bebés de pocos meses de vida hasta abuelos. Por otra parte, su directora asegura que "hay un amplio espectro de condiciones de las personas" con las que trabajan. Por ejemplo, realizan actividades con gente que tiene síndrome de Down, con personas que tienen algún retraso mental, con discapacidades moderadas o severas, y con trastornos psiquiátricos.

Respecto al tipo de actividades que desarrollan, Stella Maris señala que dependen del grupo. Algunas son recreativas, como relatos de historias de animales, historias de vida, actividades plásticas, modelado de figuras de animales, paseo de perros y jornadas de belleza animal, en las que se bañan a todos los animales aptos para recibir un baño. "Esto les encanta porque todo lo sensorial cobra una significación particular. Acariciar un perro con mucha espuma, todo enjabonado, relaja mucho", explica.

También se adiestran perros, juegan con los animales, hacen un paseo a caballo o una visita al Hospital de Animales de la Facultad de Ciencias Veterinarias.

Actividades educativas

 

Este tipo de actividades orientadas a lo educativo ya depende de la institución. "Si trabajamos con estimulación temprana llevamos animales pequeños, como hamsters, gatos, conejos, tortugas y perros chicos, porque nuestros destinatarios son muy chiquitos. Si la actividad es al aire libre, por ejemplo en la Facultad de Veterinaria, tenemos un burro, poni, terneros, cabras, ovejas... aprovechamos todos los animales que están ahí", ejemplifica Stella Maris.

Si la actividad apunta a conocer a los animales silvestres, la visita obligada es la Granja La Esmeralda. "Los chicos que están dentro del sistema educativo especial aprenden conceptos generales sobre la vida animal, la familia, la higiene, la relación con otros, el cuidado de otro, asumir responsabilidades, etc.", sostiene, al tiempo que aclara que la actividad siempre es coordinada con los maestros y directivos de la institución para conocer cuáles son las necesidades del grupo destinatario.

"Si se necesita reforzar cuestiones de higiene personal, les mostramos un perro sucio y hablamos sobre los riesgos de estar sucio. Después les hacemos bañar al perro y, a través de esta experiencia, tratamos de que apliquen estos conceptos sobre su propio cuerpo", relata.

En este sentido, Stella Maris reconoce que, muchas veces, las personas con necesidades especiales tienen dificultades para adquirir ciertos hábitos. "Es común que a un chico de 8 años no le guste bañarse, pero nosotros tratamos con adultos que no quieren hacerlo porque su capacidad intelectual, evolutivamente, quizás coincide con la del pibe de 8 años", apunta.

El contacto con el animal

 

Stella Maris distingue las consecuencias que genera el contacto con animales según el propósito que se persiga. En este sentido, se refiere a los aspectos emocional, educativo, social y motriz-sensorial.

Desde el punto de vista emocional, asegura que "los animales son una fuente inagotable de amor, que ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas". En este sentido, remarca que para aquéllos que están solos -por ejemplo, los ancianos-, el hecho de tener una mascota les cambia el sentido de sus vidas: "Son responsables por otro y dedican parte de su día a darle de comer, sacarlo a pasear... en definitiva, a cuidarlo".

En lo que respecta a cuestiones educativas, el contacto con animales favorece la incorporación de conceptos como el respeto, la higiene, la familia, etc. que, a su vez, se adquieren de manera más rápida por el contacto directo.

Socialmente, las mascotas pueden ser consideradas como "un catalizador social": "Personas que están muy solas se relacionan con otros a partir de la excusa de sacar a pasear el perro a la plaza", ejemplifica Galván.

Por último, desde el punto de vista motriz-sensorial, son muchos los beneficios para la salud. "Se ha comprobado que acariciar un perro o un gato hace descender la frecuencia cardíaca y respiratoria. Esto es muy beneficioso para personas hipertensas o para aquéllas que sufren de miedo o de alguna fobia". En este aspecto, destaca que "estar al aire libre, en contacto con animales y otras personas, también influye positivamente en la salud".

Finalmente, apunta que los interesados en conocer más acerca de esta experiencia se pueden contactar a través del correo electrónico, con la casilla: zoolidarios@hotmail.com

Cuando los animales ayudan a incluir

 

Riesgo social. Zoolidarios también apunta a trabajar con los denominados "discapacitados sociales", que son niños, jóvenes y adultos que, dentro de las instituciones, evidencian comportamientos agresivos, respuestas inadecuadas, intentos frecuentes por transgredir las reglas estipuladas y falta de contención familiar y afectiva.

En este grupo se incluye a los jóvenes en situación de reclusión, con quienes se realizan actividades educativas y recreativas, a través de visitas amistosas mediadas por las mascotas, ayudándolos a disminuir sentimientos de angustia, temor, estrés, frustración y soledad.

En el caso de niños y jóvenes en situación de riesgo social, a partir de una investigación exploratoria acerca del impacto de las acciones desarrolladas por Zoolidarios, se constató que se logró modificar el comportamiento de 8 de cada 10 participantes.

La oportunidad de trasladarse desde el ambiente de la pobreza, la exclusión y la basura -como elemento cotidiano- a la universidad, un entorno socialmente validado, los hizo sentir importantes y útiles. En dicho contexto lograron ejercer nuevos roles y responsabilidades, acorde a sus intereses -del rol de cartonera/o al de estudiante, al de cuidar a otros-, adquiriendo nuevas formas de interactuar y comunicarse con su entorno.

Para aliviar el desarraigo

 

Las propias mascotas. El proyecto Zoolidarios cuenta con sus propios animales, que están en la facultad de Esperanza. Además, la mayoría de los voluntarios también tiene su propia mascota. "Cuando ven que su perro tiene alguna particularidad en su comportamiento y que es óptimo para trabajar con este tipo de personas, lo incorporamos al grupo", cuenta Stella Maris Galván.

Asegura, asimismo, que como muchos de los estudiantes de Veterinaria no son de Esperanza, conseguir una mascota para el proyecto Zoolidarios resulta la excusa perfecta para que los padres les permitan tener un perro. Según la directora, "ellos también necesitan una mascota porque sufren el desarraigo afectivo".

El staff de animales del grupo incluye lagartos, ratas albinas, tortugas, conejos, cobayos, perros, ovejas, un burro, poni.

¿Qué tienen en común todos estos bichos? "Cuentan con una condición especial: son simpáticos, para nada agresivos y son muy sociales con las personas y con otros animales. Se tienen que aguantar gritos o abrazos muy fuertes, por lo que no pueden ser asustadizos ni dominantes. Entienden que forman parte de un grupo y que tienen que aprender a convivir", concluye la directora del proyecto.

Premio presidencial

 

Dada su destacada actividad, el proyecto Zoolidarios ha sido seleccionado como finalista para el Premio Presidencial "Prácticas Solidarias en la Educación Superior", convocado desde el Programa Nacional Educación Solidaria, del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación.

Adopción responsable

 

El grupo de Zoolidarios también trabaja junto a organizaciones de protección de los derechos de los animales, fomentando la adopción de los mismos y su tenencia responsable.

De esta manera, se favorece a dos seres vulnerables que necesitan encontrarse: una persona "especial" y su potencial mascota.

Destinatarios indirectos

 

Además de los beneficiarios directos, a través de las actividades también se benefician los voluntarios, profesionales, docentes y las autoridades de las instituciones, quienes pueden adquirir experiencia en modalidades didácticas y asistenciales innovadoras.

Fuente:  http://www.ellitoral.com/  Edición del Sábado 16 de agosto de 2008



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