Causas de anemia en equinos

Una de las consultas frecuentes en la clínica equina por parte del jinete o propietario se debe a la percepción de que su caballo está más cansado, agotado, con menos ganas de trabajar y en el caso de los caballos de deporte con una disminución de su rendimiento deportivo. Dentro de las causas típicas que pueden originar este cuadro está la anemia. Palabras clave: Anemia. Equinos.

La anemia se define como la disminución del número de glóbulos rojos (GR) circulantes en sangre debido al desequilibrio entre la producción y su pérdida, destrucción o fallo en su generación. Hay que resaltar que la anemia no es una enfermedad en sí misma, sino sólo una alteración hematológica consecuencia de una patología subyacente.

Los glóbulos rojos (también denominados hematíes o eritrocitos) son células que contienen grandes cantidades de una proteína llamada hemoglobina la cual es la encargada de transportar el oxígeno desde los pulmones al resto del organismo. Un descenso en el número de GR tiene repercusiones importantes ya que el oxígeno es un actor principal en el metabolismo celular y en la síntesis de energía en el músculo. Por tanto, en los caballos de deporte su repercusión será mayor, al limitar la capacidad de generar la fuerza necesaria para el desempeño de cualquier disciplina ecuestre.

Descubrir el origen de la anemia es fundamental y para ello hay que conocer la historia clínica del caballo, hacer un examen general y tomar una muestra de sangre para realizar una analítica y una citología (observar las células sanguíneas con un microscopio). Existen múltiples causas de anemia en el caballo, pero todas ellas tienen un denominador común: el resultado laboratorial. Un caballo anémico presentará tres valores hematológicos disminuidos: el número total de GR en sangre, la cantidad de hemoglobina (medida en gramos) en un litro de sangre y el hematocrito (el porcentaje que representan los GR respecto al total de la sangre). Por el contrario, los signos clínicos son muy variados y poco específicos, pudiendo encontrar: palidez de las mucosas, debilidad, fiebre, taquicardia, aumento de la frecuencia respiratoria, sangre en las heces u orina de color más rojizo.

Los tipos de anemia en el caballo se engloban en dos grandes grupos en función de la respuesta que la médula ósea desarrolla frente a la caída del número de GR circulantes. Existen, por tanto, las anemias regenerativas y las no regenerativas. En las primeras, la médula ósea responde produciendo GR, generalmente de mayor tamaño, y las segundas son aquellas en las que la médula no produce más glóbulos rojos.  

Las anemias regenerativas son causadas por hemorragias (agudas o crónicas) o hemolisis (destrucción del GR). Las hemorragias agudas por sangrado abundante o acúmulo de sangre en cavidades corporales (como tórax o abdomen) por accidentes o traumas son muy llamativas, menos comunes y no pasan desapercibidas para el propietario. Por el contrario, las hemorragias crónicas por pequeños sangrados continuos o microsangrados no son perceptibles, no alteran gravemente el estado del animal, pero a la larga conllevan un deterioro de su salud. Aquí encontramos como causas más probables: las úlceras gástricas y la infestación por parásitos internos.

En el caso de la destrucción de los GR, ésta se puede deber a causas internas o externas del propio hematíe. Las causas más comunes son: la piroplasmosis (parásitos internos de los GR), ingestión de plantas (cebolla), venenos, enfermedades autoinmunes, enfermedades infecciosas (anemia infecciosa equina) o algunos fármacos como las fenotiazinas (CalmoNeosan©).

Las anemias no regenerativas son aquellas debidas a un fallo en algún paso de la síntesis o maduración del GR en la médula ósea. Se pueden deber a patologías intrínsecas de la propia médula (linfomas, mielomas o fibrosis de la médula) o a problemas secundarios como deficiencias de minerales o vitaminas (hierro, cobre o vitamina B12), tóxicos que dañan la médula ósea (por ejemplo: fenilbutazona), disminución de la síntesis de eritropoyetina (hormona que estimula la producción de GR) o enfermedades de carácter inflamatorio/infeccioso.

Debido a las diversas causas que pueden desembocar en un estado anémico, es fundamental realizar un examen exhaustivo y riguroso para saber cual es la patología que la está generando y así conocer el verdadero objetivo terapéutico. Será esa patología primaria la que habrá que atajar.

En consecuencia, no debemos administrar a nuestro caballo (sin el consentimiento de un veterinario) productos que favorezcan la síntesis de glóbulos rojos y que contienen altas concentraciones de hierro, cobre o vitaminas, ya que pueden provocar desequilibrios y ser perjudiciales para su salud. Estos compuestos sólo deben utilizarse en aquellos ejemplares con deficiencias graves de minerales y/o vitaminas o tras hemorragias muy profusas, pero nunca en otras circunstancias.

Cabe resaltar que este tipo de deficiencias son extremadamente raras en el caballo y además cualquier pienso estándar contiene las concentraciones adecuadas de estos compuestos. Por tanto, sólo se producen en condiciones de escasez de alimento (nevadas o incendios), alimentos muy pobres (forrajes de mala calidad) o suelos yermos. En el resto de los casos, se debe averiguar el verdadero origen e instaurar el tratamiento correspondiente.

En conclusión, la anemia no es como tal una patología grave pero sí puede ser la punta del iceberg de enfermedades más graves o limitantes del ejercicio. Si ésta es correctamente diagnosticada y tratada el caballo retornará pronto a niveles adecuados de GR. Una buena alimentación, desparasitación, testaje de piroplasmosis y controles veterinarios rutinarios son la mejor fórmula para prevenir la anemia en nuestro caballo.

Borja Erviti Ferrando

Veterinario equino / Máster en Medicina Deportiva Equina

IG: @borjaer92

Fuente: https://www.ecuestre.es/

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