Enfermedad renal crónica en gatos: qué cambia en el diagnóstico y tratamiento

Las nuevas directrices iCatCare refuerzan el cribado y seguimiento de la enfermedad renal crónica en gatos mayores. TAGS: Medicina veterinaria. Medicina felina. Salud felina. Enfermedad renal crónica. Clínica veterinaria

La enfermedad renal crónica (ERC) es frecuente en la clínica veterinaria y su prevalencia aumenta con la edad. La enfermedad renal congénita suele diagnosticarse en gatos menores de 3 años, tras lo cual la prevalencia de la ERC disminuye y vuelve a aumentar a partir de los 6 años.

La ERC es una de las enfermedades más comúnmente diagnosticadas en gatos mayores, con estudios que sitúan su prevalencia entre el 28 y el 81 % en gatos mayores de 12 años. Además, fue la causa de muerte más común en una investigación realizada en gatos del Reino Unido de 5 años o más: la muerte por enfermedad renal se produjo en el 13,6 % de los gatos del estudio, con una edad media de fallecimiento de 15 años. La enfermedad renal también fue la causa de muerte más común en gatos asegurados que fallecieron antes de los 13 años en un estudio sueco.

Muchos gatos con ERC pueden ser diagnosticados en una etapa avanzada, ya que presentan pocos signos clínicos durante las primeras fases. Sin embargo, el diagnóstico y la intervención precoces permiten realizar un seguimiento e iniciar medidas dietéticas y otras terapéuticas cuando sea apropiado.

Por ello, las directrices recomiendan el cribado de gatos mayores de 7 años mediante la medición regular del peso corporal, análisis de sangre y análisis de orina, incluso en animales asintomáticos.

Para los gatos adultos maduros, de 7 a 10 años, se recomiendan exámenes anuales, mientras que los mayores de 10 años deben someterse preferiblemente a un chequeo de salud rutinario dos veces al año.

Nuevas pautas para el diagnóstico y manejo de la enfermedad renal crónica en gatos

Recientemente se han publicado las directrices de consenso iCatCare 2026 sobre el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad renal crónica en gatos. El documento ofrece información sobre la patogenia de la ERC, orientación para el diagnóstico y la estadificación de la enfermedad y contenido práctico sobre su tratamiento médico y nutricional.

Las directrices también abordan la optimización del entorno doméstico y de la clínica veterinaria para influir positivamente en el bienestar mental y, por consiguiente, en la salud física, así como la colaboración con todo el equipo veterinario y los cuidadores para ralentizar la progresión de la enfermedad y maximizar la calidad de vida.

Estas directrices han sido elaboradas por un panel de expertos convocado por la Sociedad Veterinaria Internacional para el Cuidado de los Gatos (iCatCare). La información se basa en la bibliografía disponible, la opinión de expertos y la experiencia de los miembros del panel.

Puntos clave para el diagnóstico y el manejo

La guía repasa la fisiopatología de la enfermedad renal crónica, su progresión, los signos clínicos y el tratamiento, entre otros aspectos.

Entre los puntos destacados, las directrices señalan que, tras el diagnóstico, la medición repetida de la concentración de creatinina 2-4 semanas después puede diferenciar la enfermedad progresiva de la ERC estable, lo que tiene importancia pronóstica.

Asimismo, los factores asociados con la progresión de la ERC incluyen una mayor gravedad de la proteinuria, concentraciones elevadas de fosfato sérico, acumulación de toxinas urémicas y anemia.

En cuanto a la estadificación, esta debe realizarse una vez diagnosticada la ERC, según el esquema de estadificación IRIS.

El manejo, según las directrices, se centra en el control de la ERC mediante el abordaje del fosfato sérico elevado y el tratamiento de la hipertensión y la proteinuria, si están presentes, así como de otras anomalías como anemia, hipopotasemia, náuseas, vómitos, hiporexia y estreñimiento.

Por último, las directrices señalan que ni la anestesia ni la terapia analgésica deben suspenderse debido a la ERC, aunque los procedimientos y los regímenes de tratamiento deben planificarse para garantizar que no haya más impactos renales.

Fuente: www.diarioveterinario.com

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